Es la 01.31 del miércoles 16 de junio. En seis horas más debuta Chile en el Mundial. Y yo ya tengo claro qué sucederá. No es que sea adivino, o tenga una bola de cristal; no. El partido de hoy se ganará sin mayor problema. No lo dudo. Y será bueno para romper la mufa que ya lleva 13 partidos en 48 años. Lo que vendrá después es por todos conocido: gente en Plaza Italia, excitismo total y la idea generalizada de que ganaremos el Mundial. Lamento decirles: no. En los dos primeros partidos es muy probable que se obtengan buenos resultados. Pero claramente no somos Inglaterra, ni menos Alemania -que en este momento es, me atrevo a decir, la mejor selección del mundo-. Luego de esto, nos encontraremos con España; y lo más probable, es que la Madre Patria nos devuelva a la realidad. (No está de más decir que los últimos dos enfrentamientos entre las Rojas son victorias europeas por 7-0 y 3-0 respectivamente: la primera en el Mundial Sub-20 de los Países Bajos en 2007 y la segunda en un partido amistoso jugado en la ciudad de Villarreal en 2008) Con la situación como queda planteada sí estaríamos avanzando a segunda ronda, -por tercera vez en nuestra magra historia deportiva- lo que sería un logro. De no mediar nada extraño, y a pesar del poco fútbol que mostró en el match contra la República Popular de Corea, el grupo G debería ser ganado por la Canarinha, lo que la dejará emparejada con nosotros en segunda ronda, y el resto de la historia es conocida: ¿Se acuerdan de Francia 1998?
¿A qué voy con esto? La respuesta es simple: Los equipos de Bielsa juegan y dejan jugar. Ahí está el asunto. Dejan jugar al punto que Brasil nos hace cuatro o España nos hace tres. Y no estoy criticando el cambio de actitud que ha tenido el fútbol chileno, sino, la incapacidad de una persona para entender que no siempre se puede ser protagonista del partido y correr la cancha verticalmente los noventa minutos. El tema no pasa por la línea de tres o la línea de cuatro como muchos creen, no. Va más allá. Es un tema de planteamiento, no de esquema. A esas selecciones hay que quitarles la pelota. Así de fácil -y de difícil- es. Por mucho que se intente, no se puede atacar todo el partido, menos a Brasil. Te terminan encajando de a cuatro, y con baile incluido. A veces, y digo sólo a veces, es bueno esperar.
Ahora tomo la pregunta de arriba: lo uno o lo otro, no sé. Me atrevo a decir que es una mezcla: 40% de lo primero, y 60% de lo segundo.
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