La paupérrima campaña de la selección italiana en este Mundial provocó la salida de su técnico, el ex Juventus, Marcello Lippi
La dolorosa vuelta a casa de la Nazionale fue, sin duda, inesperada. Inesperada porque se suponía que el grupo en el que le correspondía participar era asequible, y porque nunca antes una selección que llegara a revalidar su condición de campeón se había quedado fuera en primera ronda. Pero ocurrió, y con escándalo.
Luego de un empate a un gol con el representativo de Paraguay en el debut, todavía las cosas estaban tranquilas, pues los dos partidos que quedaban debían dejar a la Azurri con siete unidades. Pero no ocurrió. El empate con los neozelandeses fue una alerta que no debió ser desoída. Por todo esto los dirigidos de Marcello Lippi llegaron al tercer partido con la necesidad imperiosa de ganar o, al menos, empatar. Pero tampoco se dio.
Los peninsulares jugaron un fútbol timorato, mezquino y pasivo durante gran parte del cotejo, el que sólo mejoró un poco a partir de la entrada de Andrea Pirlo y Fabio Quagliarella, a diez o doce minutos del final, cuando ya había poco por hacer. Su rival -debutante en Copas del Mundo-, se mostró muy superior a la Squadra Azurri durante gran parte del encuentro; mostrando buen fútbol solidez y orden en todas las líneas, por lo que obtuvo un justo premio en su paso a segunda ronda.
Después del término de la participación italiana en Sudáfrica 2010 su técnico Marcello Lippi presentó su renuncia al cargo, atribuyéndose toda la responsabilidad del fracaso de su selección.
No hay comentarios:
Publicar un comentario